
México dio un paso que, por años, estuvo detenido en materia ambiental y de desarrollo sostenible. Tras permanecer congelada desde 2019, la Ley de Economía Circular fue finalmente aprobada el pasado 19 de enero de 2026, un avance que, aunque tardío, marca un punto de partida relevante para replantear la forma en que se producen, consumen y desechan los bienes en el país.
Así lo señaló el doctor Marcos Algara Siller, investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (USALP), quien explicó que la aprobación de esta legislación representa “un paso importante”, aunque todavía queda un largo camino por recorrer. Recordó que la iniciativa se propuso hace casi siete años y quedó entrampada en el proceso legislativo, hasta que recientemente logró destrabarse.
Destacó que ahora distintas dependencias federales, como las secretarías de Medio Ambiente, Economía y Energía, deberán trabajar de manera coordinada para definir los mecanismos de aplicación. “La buena noticia es que apenas el 19 de enero se aprobó la Ley de Economía Circular en México. Ya deben definir sus reglas de trabajo, el reglamento, cómo baja a los estados. Es una chamba grande, pero que ya esté aprobada es un avance que no se puede minimizar”, comentó.
Algara Siller explicó que la economía circular parte de cuestionar uno de los paradigmas más arraigados en el discurso político y económico: la idea de que crecer siempre significa producir y consumir más. “Nos prometen crecimiento económico, más fábricas, más productos, más consumo, pero el planeta no crece. No hay más agua, no hay más árboles, al contrario”, señaló.
Desde esta perspectiva, propuso diferenciar entre crecimiento y desarrollo. Mientras el primero suele asociarse al aumento constante de bienes y consumo, el desarrollo implica mejorar las condiciones de vida sin necesidad de acumular más cosas. “Un estudiante no necesita dos o tres celulares o cambiar de tenis cada año para desarrollarse. Necesita lo básico para estudiar, aprender, protegerse del frío y, al final, salir con un título y más conocimientos”, ejemplificó.
El investigador advirtió que gran parte del modelo económico actual se sostiene en la obsolescencia programada, es decir, en diseñar productos para que duren poco y obliguen a ser reemplazados. Citó casos como el fast fashion o los teléfonos móviles que se renuevan cada 18 meses, no porque el aparato deje de servir, sino porque el software deja de actualizarse. “El fierro puede durar cinco años o más, pero está pensado para que lo deseches y compres uno nuevo”, explicó.
La economía circular, dijo, plantea una lógica distinta: alargar la vida útil de los productos, repararlos, reutilizarlos y, en última instancia, reciclarlos o renovarlos. Recordó que antes se hablaba solo de las tres R —reducir, reutilizar y reciclar—, pero hoy el enfoque se amplía a siete: reducir, reutilizar, reciclar, reparar, repensar, recuperar y rechazar.
Puso como ejemplo el caso hipotético de un automóvil que, tras varios años de uso, puede ser renovado desde fábrica, conservando las partes esenciales y reemplazando las de desgaste, para volver al mercado a un costo menor. “Ese es un esfuerzo claro de economía circular”, afirmó.
El doctor Algara Siller vinculó este enfoque con la sostenibilidad urbana, uno de sus principales campos de investigación. Recordó que en las ciudades se consume alrededor del 75 por ciento de la energía mundial y se genera cerca del 70 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, a pesar de que en ellas casi no se producen recursos esenciales como agua, alimentos o energía. “Todo eso viene del campo, pero en la ciudad transformamos y consumimos en exceso”, apuntó.
La aprobación de la ley en México abre la puerta para construir políticas públicas que apunten a ese cambio de paradigma. “Falta mucho por hacer, sobre todo en los estados, donde todavía no se ve reflejado”, reconoció el investigador, pero insistió en que el avance legislativo representa una oportunidad para “empezar a darle vueltas a las cosas” y transitar hacia un modelo que priorice el desarrollo, la durabilidad y el uso responsable de los recursos.



