
Este día se escribió un capítulo decisivo en una de las historias más dolorosas para la justicia en San Luis Potosí. Después de 11 años y 7 meses de espera, finalmente se dictó sentencia definitiva contra Filiberto “N”, conocido como el “Feminicida de Tamuín”, quien fue condenado a 175 años y 4 meses de prisión por el asesinato de cinco mujeres, cuatro de ellas menores de edad. La resolución pone fin a una larga batalla legal que comenzó el 6 de mayo de 2014, cuando inició el proceso penal por estos crímenes que conmocionaron a la región.
La audiencia estuvo cargada de emociones, especialmente cuando se recordaron los nombres de tres de las víctimas: Itzel Romaní, Dulce Jimena y Eleoani. Familiares de las jóvenes escucharon en silencio cómo la jueza, la Licenciada Rosa Elena Blanco Ríos, del Juzgado de Ejecución con competencia en lo Penal, daba lectura a la sentencia. Aunque la pena impuesta es simbólica —ya que en México no se puede cumplir más de 60 años de prisión—, representa un cierre jurídico y emocional para quienes han luchado incansablemente por justicia durante más de una década.
Sin embargo, la resolución no cierra completamente el caso. Según informó la jueza, Filiberto “N” tiene aún cinco días para apelar la sentencia, lo que podría abrir una nueva etapa legal. A pesar de esta posibilidad, los familiares de las víctimas expresaron su gratitud a la juzgadora y destacaron que, después de tanto tiempo, sienten que finalmente se ha hecho justicia.
Entre lágrimas y abrazos, los presentes recordaron el difícil camino recorrido, marcado por la incertidumbre, la espera y el temor de que este caso quedara en la impunidad. Para ellos, la sentencia no solo representa un castigo al responsable, sino también un reconocimiento al sufrimiento que han enfrentado como familias.
El caso del “Feminicida de Tamuín” ha sido emblemático en la lucha contra la violencia de género en la región. Los crímenes cometidos por Filiberto “N” sacudieron a la comunidad y pusieron en evidencia la necesidad de fortalecer las investigaciones y políticas públicas para prevenir y castigar estos delitos. Ahora, tras más de once años, los familiares de las víctimas aseguran que este fallo marca un antes y un después en su búsqueda de verdad y justicia.
Más allá de la cifra récord de la condena, lo que queda claro es que este dictamen envía un mensaje contundente: la impunidad no puede prevalecer frente a crímenes tan atroces. Sin embargo, también deja en evidencia las deficiencias del sistema judicial, que tardó más de una década en dar una respuesta a quienes lo necesitaban. Para las familias, hoy es un día de alivio, pero también un recordatorio de que la lucha contra la violencia hacia las mujeres debe continuar con más fuerza que nunca.



